Sucedió en una peluquería

Historia de terro Sucedió en una peluquería

Las peluquerías o barberías como se les conoce en varios lugares de Sudamérica, son establecimientos en donde acuden principalmente varones tanto arreglarse el cabello como sus barbas.

Desgraciadamente cada vez se ven menos este tipo de locales (sobre todo en las grandes ciudades), debido a que paulatinamente han sido sustituidos por las estéticas, que no son más que un salón de corte pero “Unisex”.

Cerca de donde yo vivía había una peluquería justo enfrente del mercado. Me gustaba ir a ese lugar, porque el hombre que atendía era un sujeto que además de hacer muy bien su trabajo, te contaba alguna historia interesante mientras te arreglaba la melena.

Había ocasiones en las que te contaba una bella historia navideña y otras tantas en las que el tono de la narrativa iba cambiado tanto que se transformaba en una de esas tenebrosas historias de terror.

Recuerdo uno que versaba acerca de un sujeto muy adinerado a quien le gustaba acudir a una barbería muy humilde, sólo para hacer sentir mal al dependiente. A este le gritaba y lo humillaba diciéndole que nunca haría nada más con su vida.

– “Naciste pobre y morirás de la misma manera”.

El barbero se aguantaba sólo por qué de no hacerlo no llevaría el gasto completo a su casa y tanto sus hijos como su mujer dependían de esos ingresos para subsistir.

No obstante, un día fresco de primavera el hombre acaudalado apareció en el local y pidió su corte de costumbre.

El peluquero lo miró fijamente a los ojos y le dijo:

– Esta vez no se moleste en pagarme, ya que el corte va por mi cuenta.

– ¿Lo dices en serio? Gracias, por lo visto te debe de ir mejor.

El peluquero hizo su trabajo como de costumbre, hasta que llegó la hora de afeitar al cliente. Le puso una toalla caliente en el rostro para que los vellos de la barba se suavizaran.

Al retirarla inmediatamente el barbero tomó la navaja y le cortó el cuello al hombre sin que éste tuviera ocasión de reaccionar. Y es que como dice el refrán “Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe”.